
ción pública de gestión estatal y privada,
ambas de raigambre pública? Y si las condi
ciones son las mismas: ¿Por qué se requeri
ría el tratamiento de la educación privada en
una ley especial, si desde siempre han con
vivido desde los mismos marcos normativos?
Creemos también, tal como se enuncia
en el documento, que es un derecho inaliena
ble de cada familia decidir sobre la orienta
ción de la educación de sus hijos y por lo
mismo el Estado debe garantizar esta liber
tad propiciando y sosteniendo moral y eco
nómicamente la educación de gestión priva
da, garantizando también el derecho de la
familia de optar si será el Estado el que se
ocupe de la formación de sus hijos en sus
primeros años de la vida, por lo que cree
mos arbitraria la propuesta de convertir en
obligatoria la educación entre los 0 y 4 años,
período en el cual la familia cumple un rol
irremplazable en el desarrollo cognitivo,
emocional, ético y espiritual del niño.
También acordamos sobre la necesidad
de ofrecer una educación de calidad sólida
mente fundamentada en la ciencia y en la
ética, sin embargo tenemos muy en claro
que los valores éticos no se fundamentan
en la ciencia, como se enuncia en el docu
mento. Nos resulta alarmante el sincretismo
y la liviandad con la que desde el gobierno
se postulan afirmaciones que contradicen
toda la tradición filosófica de un país como
el nuestro, que jamás ha consentido a las
relativistas afirmaciones que sustentan los
valores en una convención científica.
Este pretendido desliz teórico que apa
rece en la página dieciséis no es admisible
y nos oponemos con toda la fuerza a la im
posición solapada de posicionamientos teó
ricos que de ninguna manera compartimos.
Podremos dialogar y aun acordar sobre cier
tas cuestiones, pero no vamos a admitir que
se avasallen livianamente los principios, ni
que se nieguen los valores permanentes
sobre los cuales se asienta toda la tradición
jurídica y filosófica de nuestra nación.
Éstos no son simples errores provoca
dos por ia urgencia, son cuestiones ideoló
gicas cuya imposición solapada no estamos
dispuestos a tolerar. La ética no se funda en
la ciencia, ni todos los valores son relati
vos, como al pasar se afirma en el presente
documento. Y reiteramos la pregunta: ¿Es
éste el nuevo modelo de estado que se pro
picia, un estado que impone ideología tras
el velo de la participación?
En cuanto a las propuestas innovadoras,
que creemos no son demasiadas, coincidi
mos en la importancia de la recuperación de
las escuelas técnicas, en los beneficios de la
extensión de la obligatoriedad y en la inclu
sión de la jornada extendida para los secto
res más vulnerables, en tanto y en cuanto
se prevean las partidas presupuestarias su
ficientes para poder sostenerlos de manera
efectiva, de modo tal que no constituyan
meras declaraciones de deseo y se sosten
gan en propuestas curriculares que apunten
a la calidad de la educación y no a la conten
ción social de poblaciones en riesgo, recar
gando aún más la responsabilidad de los
docentes y desviando la función específica
de las escuelas, devenidas en algunos ca
sos, desde hace ya mucho tiempo, en co
medores escolares, en centros asistenciales,
cuando no en agencias de prevención y con
trol de la violencia social.
Sin duda, son muchos los aspectos que
podríamos analizar, tanto a nivel ideológico
como práctico; sin duda, son muchos los
actores que desde distintos ámbitos, nive
les y circunstancias deben ser llamados a
participar en decisiones de tamaña enver
gadura como es la redefinición del marco
normativo que regulará la educación durante
las próximas décadas; sin embargo, cree
mos que son los docentes el pilar básico de
cualquier transformación y estamos segu
ros de que debe invertirse y controlarse fun
damentalmente la formación docente tanto
en la gestión oficial como privada y subsidiar
las transformaciones necesarias para ase
T^edayocficoí. Año IV, N° 8, octu bre 2006. Pág. 65-70
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